
Encadenados al silencio,
burlamos fieles el tiempo,
que acallar... no consigue,
el latir de nuestros verbos.
¡Sepultarnos!... quisieran,
mas aún vibran las vísceras
de esta ilógica locura.
Se torna la palabra escritura,
anclandose; en nuestras venas
no hay mas febril condena,
que la de un amor prohibido,
no ha de hallar, lugar el olvido
en donde no habiten sus ojos.
Ni siquiera puede el enojo...
amortajar, este sentir bendito
arraigado en lo mas hondo
de este piélago infinito.
En el oceano de la vida...
a la deriva, sobrevive un poema,
sorteando la bravura de un mar
que engullirlo quisiera.
Mas no han de ahogar sus entrañas
estas ultimas palabras de aliento,
¡con lealtad!... las escolta el viento
complice, de nuestras lágrimas...
Derechos de autor: María del Carmen Tenllado
(Damablanca)