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Bienvenid@s almas...
Aquí me hallo frente al espejo, desnudando parte de mis temores, intuiciones, creencias, escasas vivencias y mucha fantasía, todo bien barajado en este tarot que deposito ante vosotros intentando descifrar los enigmas que merodean mis inquietudes. Siempre he sentido desde niña cierta fascinación por ese mundo oculto, esotérico, místico y religioso que nos es mostrado con gran diversidad de opiniones. Yo he ido adquiriendo mi peculiar visión de estos temas en los cuales aún sigo mi guía interior. Ese guía que nos habla desde el más absoluto silencio. Mi mayor aliada es la soledad, en ella encuentro un enorme manantial de inspiración a la hora de abrir mis sensores a ese universo espiritual que nos rodea y que expongo desde mi particular punto de vista, respetando el sentir de cada uno pero sin renunciar al mío propio. No se dejen llevar por las apariencias en este mundo de ilusiones ópticas...nada es realmente lo que parece, ni nadie lo que aparenta ser, es por ello que debemos cerrar nuestros ojos para poder percibir con mas intensidad y clarividencia. En mi perpetua busqueda os invito a deambular por estos callejones sin dueño, en donde no todo es sueño pero se sueña con volver... Bienvenidas almas. +Dama+
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En una gran cima olvidada, dormía el hada de los deseos humanos, sumergida en un profundo e insondable sueño del cual nadie era capaz de rescatar.
Se sucedían los días y los niños antes de pedir un deseo a sus padres, estos ya se lo habían concedido. No conocían las ilusiones ni los anhelos, pues estos eran satisfechos antes de nacer...
En una humilde cabaña, habitaba una familia de escasos recursos, eran cinco hermanos entre cinco y doce años de edad. Apenas si tenían para comer poco y mal. La mamá se hallaba inmovilizada en la cama desde hacía tiempo, por su delicado estado de salud y el padre un hombre humilde y bueno, intentaba traer diariamente a casa lo poco que conseguía buscando entre aquellas cosas que tiraban los demás. En esta familia, carecían de las cosas más fundamentales, comida, abrigo, escuela, pero aun así, había un tremendo amor entre sus miembros.
Una noche la esposa empeoró gravemente, los niños se encontraban solos, su padre aún no había regresado a casa... Damián, el mayor de los hermanos, angustiado se dirigió a los más pequeños diciéndoles:
-voy a buscar ayuda, no os mováis de aquí hasta que regrese.
Así fue como el niño se echó a andar sin tener muy claro el camino a seguir, pero siguiendo los latidos de su corazón que amaba profundamente a su madre.
Anduvo y anduvo hasta llegar a lo alto de una enorme cima, allí un bello resplandor le envolvió hasta el punto de seguirlo con las pocas fuerzas que ya le acompañaban. Frente a él vio a un hermoso ser de luz que dormía plácidamente sobre una hoja. Damián no pudo contener una lágrima y está calló sobre el hada impregnándola con su esencia, ante la calidez de esta lágrima el hada comenzó a tomar consciencia y abrió sus ojos poco a poco.
-¿Quién eres tú que lograste volverme a la vida?...
-¡Me llamo Damián!... Mi corazón me trajo hasta aquí buscando un deseo.
El hada emocionada le respondió:
-Hace tanto tiempo que los niños no se acuerdan de mí... ¿cual es tu deseo Damián?... ¿Qué te trae aquí?.
-Damián respondió:
-Me trae un amor que no quiero perder, deseo que mi madre se reponga de su enfermedad y papá encuentre un digno trabajo para poder vivir felices.
El hada conmovida ante el deseo del niño esbozó una sonrisa y le dijo:
-Cierra los ojos, pide con fuerzas tu deseo. Al abrirlos te será concedido. Pero no olvides que para ello tendrás que cumplir una condición.
-¿Cuál es la condición?... Pregunto Damián.
-Nunca habrás de revelar a nadie mi paradero ni existencia.
Damián cerró con fuerzas sus ojos, sin dejar de pensar en lo que tanto deseaba. Al abrirlos se encontró de nuevo en casa. Sus hermanos no estaban allí, y la cama de su mamá se hallaba vacía. Damián temió por su madre y de rodillas junto a su cama comenzó a llorar desesperadamente.
-No debí marchar se repetía una y otra vez entre sollozos... ¡Perdóname mamá!, allá donde estés...
En ese instante escuchó la voz de su madre, la cual gritaba con júbilo:
-¡Damián hijo mío... Al fin apareciste!. Hemos estado día y noche buscándote.
Damián no podía dar crédito a lo que sus ojos estaban presenciando. Su madre se había levantado de la cama y lucia radiante.
-No te preocupes mamá ya estoy aquí, me fui a buscar a papá, pero no le hallé.
-Estoy curada hijo, ha sido un milagro... Creerás que estoy loca, pero te diré algo, es un secreto recuérdalo... ¡Nadie lo ha de saber!.
-Cuéntamelo por favor mamá...exclamó el niño.
-Cuando estaba apunto de partir para siempre, se me apareció un ser de luz, algo parecido a un hada, que dejó caer sobre mí una lágrima que con sumo cuidado sostenía entre sus manos... esa lágrima provenía de la cima de los deseos, me dijo. Y dejándola resbalar por mis piernas, estas de pronto comenzaron a moverse...
-¡No estas loca mamá!, -dijo Damián sonriéndole... ¿donde se encuentra papá y mis hermanos?
-Tu padre por fin ha encontrado un trabajo honesto y tus hermanos han podido asistir a la escuela. Mientras tú andabas perdido, preocupándonos a todos.
Damián aceptó de buena gana la reprimenda de su madre, no podía desvelar la procedencia de aquel milagro...
Se acercó a la ventana y una ráfaga de luz resplandeciente vislumbró desde la misma, el hada había retornado del sueño, y su familia había sido bendecida con una lágrima...
Fin
Málaga 30 de mayo del 2012
Derechos de autor: María del Carmen Tenllado Yuste
(Damablanca)
Obra registrada en Safe Creative: 1205301725181
¡Maldecidme!... en mil lenguas, que en ciento y una ¡Yo!... Os bendigo
¡Clamad al cielo! postulando mi castigo, que ante sus puertas ¡Yo!... Os
absuelvo, sentenciadme al mismo infierno, y habré de avivar sus llamas,
escupid vinagre sobre mis llagas, y habré de reverenciar vuestra boca,
sepultadme bajo una roca, y habré de ayudar a inscribir mi
lápida. Observan impasible mis ojos, como se torna en abono el
excremento de vuestra sangre; selláis mi boca con alambres, lapidando
hirientes verdades. Disfrutad mi carnaza con calma, os habéis de
atragantar, con las vísceras de mi alma.
Derechos
de autor...Maria del Carmen Tenllado (Damablanca)
Pienso en aquel niño que nació dentro de una botella. Tan fina y transparente que al principio sus padres no se dieron cuenta del cristal que lo envolvía. Fue creciendo dentro de la acogedora estancia sin prestar excesiva atención al mundo que existía al otro lado. El cristal se hacía más grueso e invisible a medida que el tiempo transcurría, el silencio pasaba menos desapercibido para su madre. A veces intentaba hablarle pero parecía no escuchar su voz dentro de la invisible burbuja. Puso mucho cuidado en decir esas palabras que pronto se convertirían en su altar privado. Dejándolas caer como monedas en un pozo de los deseos. A pesar de aquel vacío, madre e hijo compartían su ternura a través del cristal.
Cuando el niño iba a la escuela, se aislaba del entorno en su espacio seguro. Los demás niños no podían ver el cristal y se burlaban de él.
-¡Miradle!, parece tonto- Decían entre risas quienes que no distinguían la botella. Aquellos ojos que no devolvían la mirada, indiferentes, hostiles. Mientras, esperaba en silencio, víctima absoluta. Hasta su propia mente dudaba e impedía que se relacionara. Dentro se sentía seguro y protegido, pero a la vez desconectado de un mundo en el que tenía que aprender a respirar el aire insano que se hallaba en el exterior. Este aire "contaminado" no le alcanzaba y seguía manteniendo su pureza, la cual era motivo de burlas para aquellos que ya conocían la maldad y la utilizaban irónicamente para herir su inocencia.
Su madre sabía de la existencia de aquel muro que tanto dolor les causaba a ambos. Pero lo que no podía entender era la crueldad que se hallaba en el exterior. Aun así deseaba liberar a su hijo de aquella cueva transparente, pero sin darse cuenta se iba adentrando en ella poco a poco. Traspasando el vidrio que, en vez de separarlos, los unía cada vez más. Hasta tal punto que, un buen día, la madre se dio cuenta de que ambos habitaban dentro del mismo cristal.
Fin
Derechos de autor: María del Carmen Tenllado yuste (Damablanca)
Obra registrada en safe creative: 1205261703458
Derechos de autor...María del Carmen Tenllado (Damablanca) EXPEDIENTE MA-00843-2006 Perteneciente a la obra:"Una Dama Blanca asomada al balcón de sus fantasías"...
miércoles, 9 de mayo de 2012
La poesía deambula buscando una mente donde hospedarse y una mano que se entregue sumisa al volcán desmedido de sentimientos que la devoran, la poesía es el espíritu que vaga entre dos mundos y hace cómplice al poeta de esa conexión...
Vela la numen enamorada
la mente inquieta de su poeta,
dejándose abordar por su locura
aquella, que en vigilia
la invoca desnuda
arropando con ternura,
su venerada silueta.
Ella se entrega sumisa
a complacerle en su empeño,
bajo sus letras vibran amaneceres
extasiados de ensueños...
La musa exhala los acordes,
de un fervoroso romancero
seduce; al corazón que se proclama
mientras alumbra cual fértil llama
que la ilustre mano, induce...
En ese trance... ¡Le seduce!
entre lo salvaje y lo divino
cobrando vida el pergamino.
Málaga 05 de mayo del 2012
Derechos de autor: Maria del Carmen Tenllado Yuste
Invocáis mi fantasmal forma
en la clandestinidad de la noche...
En vuestro insomnio avariento
hurgáis; entre polvorientos sueños
mis silencios, cuajados de espinas.
Retenéis mi ánima...en la retina,
en la vigilia de vuestro averno
a sabiendas que tan solo soy...
una sombra cincelada,
a vuestro mísero antojo
y os dejáis acorralar, en su ternura.
Intentando abortar la luz...
enredándoos en mi aparente figura,
más no conseguís sepultar
la locura que a mi os regresa.
Alzáis en vuestra mente una cruz
¡un altar... a la demencia!
amenazando mí cordura
con tempestuosas palabras.
Vuestras voces infernales
clavan en mi; sus depredadores puñales
más dejo sangrar mis heridas,
...¡sin dolor!...
No hay pasión en este cuerpo,
y mi alma yace vagabunda
sumergida, en un profundo destierro
...¡sin retorno!...
Lejos de tempestuosos amores bravíos
que cual cuervos, se nutren
de mi aparente existencia
engendrando en sus entrañas
la escoria de esto, que llamáis amor.
Derechos de autor: Maria del Carmen Tenllado Yuste.
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